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El futuro de nuestros pueblos (Artículo Heraldo de J. Lorén y A. Acero)

Fuente: Heraldo de Aragón, domingo 24 de enero, pág.26

Aragón tiene una baja densidad de población que en algunas zonas llega a extremos de desertización. Son muchos los pueblos cuya supervivencia depende de que se apliquen las políticas correctas para hacer posible la permanencia de sus vecinos.

Las zonas menos pobladas de Europa se encuentran al norte del paralelo 55 o, como Aragón, al sur del 45. Durante este siglo, muchos pueblos de Aragón se habrán despoblado y permanecerán durmientes, sin que el ser humano los habite.

Aragón tiene un vasto territorio, pero una bajísima densidad de población, que se estima en 29 habitantes por kilómetro cuadrado, aunque más de la mitad de las comarcas no superan los 10 hab/km2 (desiertos demográficos) y en algunas comarcas, como Sobrarbe, Ribagorza, Campo de Belchite, Gúdar-Javalambre, el Maestrazgo o Albarracín, apenas llegan a los tres.

Varias son las causas de esta despoblación. A principios del siglo XIX, Aragón ya tenía una baja densidad de población, entre 10 y 25 hab/km2. El desarrollo industrial en Cataluña y el País Vasco fue más intenso que en Aragón, lo que propició la emigración hacia estas regiones, especialmente desde las zonas montañosas del Pirineo y de la Ibérica, al mismo tiempo que en el entorno de Zaragoza se producía una aumento de población. Las crisis de la trashumancia ovina y de la agricultura de subsistencia contribuyeron a incrementar la despoblación de numerosas zonas.

Posteriormente, con la tecnificación de la agricultura y la ganadería, que eran la principal actividad en los núcleos rurales, se fue produciendo un continuo abandono del territorio en busca de un futuro más prometedor. Así, desde la segunda mitad del siglo pasado se viene observando una continua reducción de la población en muchas zonas. Además, España tiene el triste privilegio de ser el país del mundo con menor tasa de natalidad, lo que agrava el problema, ya que en muchos pueblos con menos de mil habitantes la tasa de envejecimiento es muy alta; y en Aragón más de la mitad de los pueblos tienen menos de 500 habitantes. En estos momentos, tenemos más de 170 municipios con escaso o nulo futuro. Ochenta de ellos están en la provincia de Teruel, sesenta en Zaragoza y treinta en Huesca. En 2015, hay más de cien municipios con menos de cien habitantes, lo que los coloca al borde de la desaparición.

¿Qué podemos hacer? El problema es grave y para muchos pueblos irresoluble con los medios económicos de las administraciones y con el capital humano (población envejecida) del que disponen. Por ello, los departamentos de Ordenación Territorial y de Desarrollo Rural (planes de desarrollo rural del segundo pilar de la política agrícola común) tienen que focalizar en qué municipios conviene hacer esfuerzos e inversiones para hacerlos viables. Y ello pasa por analizar en profundidad qué posibilidades tienen y si serán sostenibles en el futuro. La tarea no es fácil y en gran parte estos estudios ya están hechos, pero las decisiones están por tomar. Hemos de recordar que el mundo rural es clave para la vertebración del territorio y la preservación del medio ambiente.

Sin duda es muy triste ver cómo un pueblo agoniza y lentamente va perdiendo sus vecinos, como ya ha sucedido. Y son muchos los que tendrán este triste devenir. Por ello hay que hacer esfuerzos ímprobos para fomentar el desarrollo y el crecimiento de aquellos que realmente pueden tener futuro, dotándolos de infraestructuras y servicios (educación, sanidad, comunicaciones, etc.) que hagan que la población se asiente e incluso que lleguen nuevos vecinos. Turismo deportivo, cultural, gastronómico, enológico (tenemos cuatro denominaciones de origen bien asentadas en el territorio), etc., junto con la implantación de algunas industrias agroalimentarias ligadas a las producciones de ese territorio y el desarrollo de la ganadería y de la agricultura con necesidades de mano de obra sostenidas pueden ser la solución para algunos de estos pueblos.

No caben ni el café para todos ni tampoco las acciones, tantas veces realizadas, de carácter partidista. Y, por supuesto, es necesario que todas las administraciones trabajen coordinadas. En el pasado inmediato se han invertido y en algunos casos dilapidado fondos públicos, por falta de una correcta planificación. Y esto, en pleno siglo XXI, no nos lo podemos permitir.

Javier Lorén Zaragozano es presidente del
Consejo de Ingenieros Agrícolas de España
y profesor de la EUPLA;
Alejandro Acero Oliete es profesor de la EUPLA.