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Averly, icono de una ciudad (Artículo Heraldo de Beatriz Martín y Juan Villarroya)

Fuente: Heraldo de Aragón, viernes 1 de julio de 2016, pág.34

foto averlyHemos asistido a la sentencia de muerte de Averly, uno de los bienes más destacados del patrimonio industrial aragonés. La falta de acuerdo entre los grupos políticos del Ayuntamiento de Zaragoza para apoyar la propuesta de Zaragoza en Común, que consiste en trasladar a otro punto la zona residencial prevista donde hoy se levanta la parte de la factoría no catalogada, ha conducido a la concesión de la licencia de derribo de dichos inmuebles. Se anteponen intereses económicos al patrimonio histórico y artístico. Urbanistas como Aldo Rossi ya defendían la generación de la ciudad preservando los edificios históricos y creando nuevos puntos de referencia. Deberíamos plantearnos qué tipo de ciudad queremos.

Averly ha forjado parte de la identidad de Zaragoza: de sus hornos han salido los bancos y farolas, además de algunas de las estatuas más apreciadas, como el monumento al Justicia de Aragón.

El valor más destacado de Averly es el industrial del conjunto de la factoría, que engloba tanto la arquitectura, como la maquinaria, los moldes, modelos y planos originales que contiene. Hasta el 2012, la fábrica estuvo en funcionamiento, y en esta fecha su estado de conservación era envidiable y habría permitido reproducir la forma de trabajo de la industria aragonesa del siglo XIX.

Su origen se remonta a 1863 y es quizá la única empresa de Aragón de cierta importancia que ha mantenido su ubicación, sus edificios y su actividad por un tiempo tan dilatado; además de sus métodos de producción y productos, por lo que presenta un alto grado de integridad y de autenticidad. Por eso Averly fue incluida en la lista de los cien principales elementos del Patrimonio Industrial Español.

Desde 2012, la falta de interés por parte de las administraciones ha favorecido la ya irremediable pérdida de parte del valioso contenido de los edificios de Averly, pero aún estamos a tiempo de conservar la mayor parte. Es sorprendente que el valor de Averly como conjunto patrimonial industrial ha sido defendido por un número ingente de expertos y entidades, pero nuestros representantes políticos se empeñan en justificar la catalogación actual, que incluye la protección como bien catalogado de aproximadamente un tercio de la factoría: la portada principal, la casa, el jardín, el edifico de oficinas y el taller de ajuste, con parte de las canalizaciones y de la red de transporte interno, además del archivo y 115 bienes muebles; en definitiva, una catalogación a medida de intereses urbanísticos y no de criterios científicos que evalúen el valor patrimonial. Toda protección que no garantice la completa conservación del conjunto de sus bienes arquitectónicos, industriales y documentales es insuficiente, pero, una vez más, la rentabilidad económica inmediata ha prevalecido sobre la conservación de nuestro patrimonio histórico, deber al que nuestra administración ha de atender, pero que parece olvidar.

Una vez más la administración pública aragonesa ha fallado a todos los zaragozanos, a todos los aragoneses, puesto que no se trata de mantener en pie un viejo edificio más que ha perdido su uso, sino de proteger y poner en valor parte de nuestra identidad.

Ahora el Ayuntamiento no tiene otra opción que negociar una permuta de suelos que satisfaga las expectativas económicas de la iniciativa privada, pero aún está a tiempo de hacer bien las cosas. Y eso pasa por una solución que priorice la colmatación de los vacíos urbanos, trasladando la edificación residencial a uno o varios de los múltiples solares que salpican la ciudad consolidada, a la vez que permita la conservación del conjunto íntegro de Averly.

La rehabilitación de Averly como museo de sí misma permitiría no solo la conservación de este excepcional conjunto industrial, sino que además se uniría a los equipamientos de uso museístico ya existentes en el barrio, contribuyendo a su consolidación como zona cultural dentro de la ciudad.

Entendemos que hay maneras de pensar la ciudad que permitan conservar el patrimonio histórico y ponerlo en valor. Y esta solución es compatible con un crecimiento ordenado y un desarrollo urbano que satisfaga las necesidades de una ciudad y prevea el crecimiento de la misma. Existen vacíos en la ciudad que se pueden dotar de actividad y enriquecer a la misma, ayudando a crear un tejido compacto, preservando las riquezas existentes (y no solo las económicas) y poniendo en valor estas zonas otrora degradadas.

Beatriz Martín Domínguez y Juan
Villarroya Gaudó son profesores de la
Escuela Universitaria Politécnica
de La Almunia